
Estos días he cumplido uno de los planes en el
Macizo de Ayllón en el que venía pensando desde hace tiempo: planificarme una ruta de dos días por parajes interesantes, pasando la noche en ellos.
Así pues, diseñé el camino: partiría de la aldea de
Valdepinillos, siguiendo una pista forestal durante diez kilómetros hasta llegar al paraje conocido como la
Junta de los Ríos, a orillas del río de la Hoz, cerca de la confluencia de éste con el Sonsaz; un enclave rodeado de barrancos y bosques. Haría noche allí y al día siguiente ascendería a la
Loma del Pinarejo, recorriendo la cima durante 10 km para llegar a la pista de Cantalojas a Majaelrayo, donde me esperarían otros 10 km hasta la primera de estas localidades, que era el punto de recogida.
Día 1
Montes de Valdepinillos
Hace unos meses,
en febrero, ya había estado por estos montes, dedicando el día a la orilla del río y las empinadas laderas, de forma que ya conocía el entorno. Sin embargo, al estar ahora en otoño, los robledales que circundan Valdepinillos se están tiñendo de ocre y amarillo, dando al paisaje una nueva perspectiva. Los alrededores del pueblo forman un bosque mixto de encina, rebollo y pino silvestre, que aquí crece de forma autóctona(seguramente venga de ahí el nombre del villorrio).

Montes alrededor de Valdepinillos(15 habitantes), pedanía del municipio de La Huerce.
Olvidé mi bastón, así que por la salud de mis rodillas me procuré uno. Una caída rama de roble es lo bastante resistente y confortable como para desempeñar la labor. Hizo conmigo los treinta kilómetros.
El camino que lleva a la Junta de los Ríos ronda durante gran parte del trayecto la isohipsa de los 1400 metros, hasta comenzar el descenso al valle. Sortea varios barrancos, donde se alternan jarales y brezales, pinares y algún que otro abedul disperso. El punto de inflexión lo marcan las Taínas de la Peromingo, donde el camino empieza a descender hacia el río.
Valle del Río de la Hoz. El final de la cresta que desemboca en el valle es la Junta de los Ríos.
Ruinas de las Taínas de la Permingo. Dispersos por el Macizo existen muchos enclaves, accidentes y viejas construcciones que aluden a mujeres, ya sea con nombre propio(la Peromingo) o mera referencia(la Venta de la Vieja, el Collado de la Mujer). La verdad es que es en cierto modo inquietante pensar que tal vez vivieran aquí de forma permanente mujeres, en estos parajes solitarios y sin ningún tipo de comodidad o comunicación.
La Junta de los Ríos
A las cuatro horas de marcha sin apenas paradas, alcancé el objetivo de la salida. He de decir que éste paraje es paisajísticamente espectacular, uno de los más bellos que conozco en la zona. El Río de la Hoz pasa como siempre encajonado, con aguas tan gélidas como coloridas, entre profundos pinares por una ribera circundada de acebos, abedules, saúcos y algún haya. El rumor del río es leve pero constante, e invita a dejar los fardos para explorar libremente las orillas, y quitarse el polvo del camino bañándose en alguna de las pozas, experiencia que no pude dejar pasar.
Como ya he comentado en otros artículos, los cursos medios y altos de los ríos esconden las verdaderas joyas de estas montañas: enclaves agrestes, auténticos, bravíos, de naturaleza bien conservada y abundante vida animal. La Junta de los Ríos no es una excepción, situándose en los límites de una zona que es un auténtico vergel.
Imágenes de la Junta de los Ríos. Enclave rodeado de bosques, con ricas riberas y un río que baja siempre con agua, siendo necesario cruzarlo por un vado.


Pequeña haya a orillas del río. Esperemos que esta especie siga colonizando los parajes que le son propios. El tronco, como se ve, es inconfundible.

Acebo, de brillantes hojas y frutos rojos. Aquí en Ayllón aparecen principalmente asociados con hayas y abedules. Se trata de una especie inconfundible, y es muy sencillo reconocerla en la distancia si el día está soleado, ya que brillan como espejos.
Excrementos de nutria en lo alto de las rocas que afloran sobre las aguas. Se ve que los cangrejos de río son parte importante de su dieta.
Cangrejo de río buscando alimento en aguas del río de la Hoz.
Noche
Sobre las cinco, cuando la luz del sol comienza a anunciar su retirada, crucé el vado y ascendí por la ladera de enfrente en busca de un alto donde, según la cartografía, había más chozas abandonadas.Era donde pensaba hacer noche. Al llegar al enclave, las circunstancias no pintaban tan bien: toda la pradera estaba literalmente levantada por los jabalíes, y las taínas estaban derruidas, llegando la pared más alta apenas a los dos pies de altura. No tenía tiempo para ponerme a buscar un sitio mejor, así que localicé un punto abrigado entre las rocas y monté un pequeño campamento para pasar la noche.
Tenía buenas perspectivas. La temperatura era suave, estaba rodeado por montañas y me encontraba en un punto resguardado. Así, tranquilo, el sol desapareció y la bóveda de estrellas entró en escena, siendo más brillantes de lo que había visto nunca. Se distinguían todas las constelaciones y estrellas fugaces pasaban a cara rato. Sin embargo, la temperatura bajó hasta los 3ºC y soplaba un viento leve pero continuo, con lo que no pude pegar ojo en toda la noche. A las cinco vi la luna salir, y dos horas después le siguió el sol. Dicen que hay que ver amanecer siempre que se pueda, y es cierto que la sensación que se tiene al estar solo en la montaña viendo salir el sol es inigualable.
Anochecer. Los arrendajos marchaban ruidosos a dormir, cantaban las rapaces nocturnas y algún que otro animal que no reconocí soltaba de cuando en cuando chasquidos que recordaban a la carcajada o al quejido de un niño.
Fotografía del pequeño campamento que preparé para pasar la noche.
Congelado, jamás había deseado tanto ver salir el sol. Lo cierto es que el frío es el mayor peligro que acecha en la montaña, y por muy bien equipado que se vaya, puede dar más de una sorpresa desagradable. Ha sido mi primera experiencia pernoctando solo en medio de la naturaleza. Pensaba que iba a estar más inquieto, pero estos montes son mi hogar y me encontraba tan cómodo como viendo atardecer en casa.
Día 2
Loma del Pinarejo
Cuando entré en calor, desayuné, rehice el fardo y dispersé de nuevo las piedras del pequeño muro que había levantado. Emprendí el camino; me esperaban 20 kilómetros de marcha, con varias cuestas. Pretendía llegar a Cantalojas sobre las cinco de la tarde.
Frente a la Junta de los Ríos, la Loma del Pinarejo asciende hacia grandes roquedos y canchales. El paraje se denomina Vertiente de Navaluenga, y se trata de otra joya natural. En él, alrededor del propio camino, aparece una muestra más del exótico bosque mixto autóctono que podría existir aquí de no haber sido la zona repoblada. Aparecen preciosos mostajos, abedules, fresnos e impresionantes ejemplares de Quercus petraea, algunos tan gruesos y viejos que parecen reírse de los caprichos del hombre, que antaño devastó éstos bosques para repoblarlos décadas después. La presencia dispersa de estas joyas arbóreas me recordó al cercano valle del Sonsaz.

Bosques de roble(Quercus petraea). A lo largo de la vertiente se pueden encontrar ejemplares de gran tamaño y grosor. Forma bosquetes mixtos en las laderas circundantes, que bajan hasta encontrar el curso del río.
El fresno(Fraxinus excelsior) dota a las laderas de un gran contrastre cromático.
Mostajo(Sorbus aria). Ahora se muestran preciosos al teñirse de amarillo. Los frutos son comestibles, muy buenos, algo más pequeños que cerezas. Es árbol protegido.

Espectacular valle fruto del plegamiento, entre el río y la paramera donde se encuentran Galve de Sorbe y Cantalojas. Al parecer una senda recorre el fondo, y me hubiera recortado camino, ya que se encuentra al lado de la Junta de los Ríos. En la distancia, se presenta como un paraje bastante agreste: tendré que visitarlo.
Una vez remontada la loma, el camino seguía recto hasta la pista blanca de Cantalojas a Majaelrayo. Una vez en ella, el trayecto hasta la villa ganadera fue quizás la parte más desagradecida de estas jornadas, dado el cansancio acumulado y las cuestas que ya se me hacían demasiado ásperas.
Finalmente, al atardecer llegué a Cantalojas, punto de recogida. Detrás quedaban parajes maravillosos que no olvidaré nunca. No puedo dejar de sorprenderme ante la riqueza natural que sobrevive en estos montes grises, ante la pureza de los ríos, ante los árboles relictos que han resistido el paso del tiempo. No hay nada como despertarse con el ladrido de los corzos, como aspirar en la mañana el aroma de la jara y el tomillo, como escuchar los ruidos de la noche u observar las constelaciones.
Cartografía: Mapa "Sierras de Ayllón y Ocejón", de la Tienda Verde. 1:50.000.