lunes 21 de diciembre de 2009

Cara norte de Peña Redonda

Tenía pendiente publicar una corta salida de campo que hice a finales de noviembre en mi viaje relámpago a la Montaña Palentina. El día de vuelta a casa, decidí partir por la tarde y aprovechar la mañana para recorrer más hayedos. Escogí la cara norte de Peña Redonda(1996m), otra Zona de Reserva habitada por el oso pardo, como Montejerino, que visité el día anterior.

Partí del coqueto Rebanal de las LLantas(8 habitantes), a trece kilómetros de Cervera de Pisuerga. Dejé el coche en el pueblo y tomé directamente una pista para ascender por la falda de la montaña buscando los bosques de Fagus Sylvatica. En el arroyo que cruza el pueblo hice la primera observación del día, un mirlo acuático(Cinclus cinclus) que comenzaba su jornada bien temprano. Esta especie, capaz de sumerjirse hasta medio minuto y caminar por el fondo de los ríos buscando insectos acuáticos, es un gran bioindicador de la pureza de las aguas.

Ascendiendo, cruzaron varias hembras de ciervo, animal que ya había observado el día anterior. Verlos aquí, salvajes, libres, con predadores naturales, es la antítesis a ver ciervos en, por ejemplo, Sierra Morena. La Montaña Palentina es, por su estado de conservación y nivel de cuidada protección, lo que deberían ser muchos otros parajes montanos de España.

Los bosquetes despejados alrededor de Peña Castro(1348m), ofreciendo frescas praderas y jugosas garrigas, constituyen un hábitat ideal para los cérvidos:

Poco a poco, veía cómo nubes bajas avanzaban por el valle y cubrían la tierra. Estaba deseando penetrar en los hayedos, con algo de suerte podría atravesarlos entre la niebla...

Antes de alcanzar los bosques, llegué al refugio de La Espina(1382m). El interior era de lo más acogedor. Llevaba comida y pedernal encima, y de haber estado en éste lugar al atardecer, no habría dudado en buscar yesca y leña seca para encenderme una hogera en su chimenea y pasar allí una noche tranquila y resguardada:

Al rato alcancé los hayedos. Como suele pasar, las hayas de más edad se encuentran junto a los arroyos. De todas maneras, éstos bosques, como los de Montejerino, se están recuperando a buen ritmo del pasado expolio al que lo sometía la población local para sobrevivir:

En algunos puntos, el lecho de hojas secas de haya era tan espeso que superaba la altura de mis rodillas. La naturaleza siempre sorprende. Algunos escenarios que encontré esos días en la montaña palentina fueron de los que quedan siempre en la retina:


Los osos y la soledad

Tuve la mala suerte de que la niebla no cubrió totalmente los hayedos, sino que quedó en cotas más bajas, cerca ya de mi punto de partida. Pero casi que lo agradecí.

En cierto punto y junto a otro arroyo como el día anterior, además de encontrar más huellas de oso, me topé en medio del camino de hojas un excremento reciente de gran tamaño, que conteía pelos y alguna traza vegetal, y de color muy oscuro, que indicaba la ingesta de hayucos(tuvo que buscarlos bien a estas alturas). Los nervios, una mezcla entre miedo, respeto y fascinación, comenzaron a asaltarme cuando escuché mugidos muy leves y profundos en las laderas de alrededor. Una situación difícil de olvidar.

A pesar de que fui a esas montañas esperando tener un golpe de suerte con esta joya de nuestra fauna, hubiera resultado al menos inquietante toparse con un oso en un bosque en medio de la niebla. Otra vez será.


http://www.fundacionosopardo.org/index.cfm

lunes 14 de diciembre de 2009

El Río de las Veguillas

Primer día de temporal invernal de este año. Ola polar, temperaturas cayendo en picado, nieve, viento. Por si fuera poco, según la predicción meteorológica, el Macizo de Ayllón iba a quedarse fuera, por unos pocos kilómetros, de los temporales de nieve. Así pues, ¿qué mejor día para volver a estas montañas mientras la campiña alcarreña se cubría de blanco?

He pasado la mañana remontando el Río de las Veguillas, cauce de montaña que baja desde un manantial en el Collado de San Benito a casi 1800 metros hasta desembocar en el Jaramilla unos pocos kilómetros después.

El cauce del Veguillas es botánicamente lo que cabría esperar: grandes masas de pinos silvestres repoblados, manchas de roble melojo que recupera su espacio, algún petraea aislado y abedules y serbales en la ribera. Y brezo, mucho brezo, tantos como zarzas.

El paraíso expoliado

Este río recibe como tributo el agua helada de varios torrentes que bajan de las cumbres circundantes. El cauce está encajonado entre cuerdas y lomas de pronunciado desnivel. A pesar de las buenas condiciones microclimáticas del enclave para la existencia de hayas, no he visto ninguna, pese a la cercanía con el coqueto hayedo de La Pedrosa y con el prostituido Tejera negra.

Aparte de faltar las hayas, únicamente he visto un acebo destacable y no he dado con ningún tejo. El panorama es desolador en comparación con otros parajes similares del Macizo: seguramente el Veguillas fue en su día esquilmado hasta lo impensable, convirtiendo el rico valle y la foresta original en un erial para el ganado y el carboneo.

Así pues, estar aquí crea una sensación extraña. Pena, desasosiego, incomodidad por lo que fue y por lo que es ahora este rincón apartado. Pero a fin de cuentas, a día de hoy parece que se recupera. Los serbales y los abedules prosperan en el cauce, pero las laderas son poco para lo que deberían ser.

Cuerda cimera de dosmiles de la que parten los afluentes del Veguillas. Entre las cimas están La Cebosa(2048m), Majada del Rocín(2027m) y la Majada del Guijarro(2088m) hasta confluir con la Cuerda de la Pinilla en un eje a más de 2200 metros de altitud:

El inconfundible abedul, el árbol blanco:

Aguas arriba, entre el horrible aterrazado de los pinares, se pueden encontrar algunos robles de buen tamaño, pero son más escasos que en otros valles de la zona:

Es especialmente abundante el serbal(Sorbus aucuparia), con los frutos hace ya tiempo maduros. Estos árboles son ahora una despensa natural, de la que dan buena cuenta numerosos animales, tanto carnívoros como zorros, garduñas o ginetas, hasta herbívoros como los corzos:

En éste excremento de zorro se podía apreciar la versatilidad de éste animal proscrito. Entre las bayas de serbal aparecían también restos y pelo de micromamíferos:

En ningún momento la temperatura ha superado hoy los 0ºC, pero no hacía demasiado viento y se hacía perfectamente soportable, siempre mucho más que el calor y las insufribles moscas de agosto. La crudeza del invierno deja también estampas de gran belleza en todo lo largo del río y sus torrentes tributarios:

Vine al Veguillas siguiendo la recomendación de una agente forestal de la zona. Sin embargo, he de decir que el paraje me ha decepcionado. Tal vez esperaba algo recóndito e ignoto como el Mediano, o algo a la vez cruel y hermoso como el Berbellido. Sin embargo, el Veguillas no es nada de eso; pese a su innegable riqueza natural, paisajísticamente ha sufrido la destrucción de sus bosques primigenios, después las repoblaciones chapuceras y finalmente, pescadores desaprensivos junto a la carretera. Todo ésto duele más al tratarse de un rincón olvidado en unas montañas que tienen una densidad de población de 0'1 habitantes por kilómetro cuadrado. El Veguillas es un testimonio de naturaleza maltratada que lucha por recuperar lo que es suyo. El Veguillas es un "sí, pero no".


Cartografía: Mapa Sierras de Ayllón y Ocejón, Tienda Verde, 1:50.000

viernes 11 de diciembre de 2009

Inesperados buitres negros

Para esta mañana tenía preparada una nueva expedición en las montañas del Macizo de Ayllón. Sin embargo, no pegué ojo en toda la noche; el reloj sonó a las seis y para entonces sólo había dado un par de cabezadas, así que decidí posponerlo al lunes. Para aliviar un poco el mono de campo resultante, he salido por la tarde a dar un tranquilo paseo por las pseudoestepas del norte del municipio de Meco.

Siempre me siento algo freak al salir a dar estos cortos paseos a tiro de piedra de los últimos chalés del pueblo cargando con los prismáticos y la cámara de fotos. Sin embargo, toda salida al campo por corta y humilde que sea merece la pena, y de vez en cuando se tiene un verdadero golpe de suerte.

Al rato de salir de un pequeño bosquete repoblado que hay antes de los campos cerealistas, vi a lo lejos dos manchas negras en el suelo. Demasiado negras para ser corzos y demasiado grandes y erguidas para ser casi cualquier cosa que se me ocurriera. Al tirar de prismático resultó ser una pareja de buitres negros(Aegypius monachus). Estaban demasiado lejos como para tirarles buenas fotos aún con zoom, pero cualquier naturalista sabrá apreciar los rasgos morfológicos inconfundibles de estos gigantes de tres metros:

En vuelo. Nótense la cercanía con los edificios. Los animales salvajes aparecen ya en cualquier parte:

Silueta característica en el posado, cuello largo y hombros desgarbados:

En esta zona abundan también las avutardas, los sisones, los aguiluchos cenizos y los corzos. Hoy he tenido también la suerte de encontrar varias plumas de avutarda:

La existencia de avutardas en estos campos cerealistas es lo que les ha salvado(relativamente) de la expansión urbanística. Es fácil encontrar los rastros de éste ave, nótese el tamaño de ésta huella de hembra(la de los machos es mucho mayor):

En definitiva, en el campo nunca se sabe cuando se va a tener un verdadero golpe de suerte, sin necesidad de irse a parajes perdidos.


viernes 4 de diciembre de 2009

Otoño en los quejigares del Jarama

Llevaba ya varios días sin salir al monte, desde hace un par de semanas en mi pequeño viaje a la montaña palentina en pos del oso pardo. Hoy, ya que el tiempo ha mejorado, me he acercado a la Hoz del Jarama, un rico paraje de calmada belleza que ya he vistado en otras ocasiones.

Se trata de un espectacular cañón de caliza cuyas laderas están tapizadas de un bosque mixto de roble quejigo, melojo, encina, enebro y arce de Montpellier. En los cortados anidan buitres leonados, los árboles están patrullados por ardillas mientras zorros y corzos abundan en el rico sotobosque.

Estos parajes han explotado ahora en oro y ocre preparándose para el invierno. Ésta salida, más que para descubrir algo nuevo o pasar una dura jornada de monte, era para transitar sin agobios ni grandes aspiraciones por el tranquilo camino de orígenes prehistóricos que atraviesa la Hoz, reparando en los contrastres del otoño:


Reducto de riqueza botánica

Los bosques de la Hoz y los montes circundantes eran antaño propiedad de la Iglesia, por lo que sobrevivieron a la explotación secular y a sus sustitución sistemática por especies más aprovechables. Se ha mantenido aquí un lozano, aunque joven, bosque de roble quejigo(Quercus faginea) como especie dominante, donde aparecen dispersos algunos melojos(Quercus pyrenaica). El quejigo, tan abundante en este pequeño espacio y en otras serranías alcarreñas, es curiosamente muy escaso en el resto del Macizo del Ayllón:

Cerca de Valdesotos, pueblo con el que enlaza el sendero desde Retiendas, aparecen algunos olivares abandonados. La vegetación silvestre ha invadido los praderíos y algunos enebros superan en altura a los aceitunos, ya dejados a su suerte:

Otra especie representativa de esta zona es el arce de Montepellier(Acer monspessulalum) que crece cerca del cauce del Jarama y en las laderas más resguardadas. Es habitual encontrar estos pequeños árboles arborescentes creciendo dispersos por multitud de enclaves ayllonenses cercanos al agua. Los arces son inconfundibles por sus hojas con tres lóbulos:

En cierto punto, ya al salir de la Hoz, hay un pequeño rodal de robles melojos con alguna encina centenaria. Este pequeño grupo de Quercus pyrenaica me ha llamado la atención desde que lo conozco dado que sus hojas son las de mayor tamaño que jamás he observado en la especie, doblando o triplicando lo habitual. Algo que no es de extrañar dado que en España se dan hasta siete variedades distintas de roble melojo o rebollo. Aún así, tamañas hojas son un fenómeno que únicamente he notado en estos pocos árboles aislados aquí:

Cerca de la ribera abunda también este arbusto, la cornicabra(Pistacea terebintus), de frutos estivales espectaculares, que al parecer también crece por Tortuero siguiendo el curso del río. Identificación vía web por parte de Enrique Luengo:

Ajeno a todo, el viejo tejo que crece aquí no se preocupa por la venida del invierno. Ellos están a un nivel superior:


La variabilidad de los quejigos

Ya he comentado en otras ocasiones la sorprendente variabilidad que tienen las hojas del roble melojo, que dependiendo del ejemplar y de las condiciones ambientales, aunque sea en la misma zona, varían enormemente, desde el tamaño hasta la forma.

El roble quejigo, especie intermedia entre el melojo y la encina, no se queda atrás. Aquí en la Hoz del Jarama se ven en un simple paseo ejemplares con hojas muy diferentes: tamaño variable, dientes más o menos acusados, lóbulos marcados o simplemente ausentes. Lo diferente que es cada árbol puede parecer un detalle sin importancia, pero a mí, simplemente, me maravilla.

Un interesante artículo sobre la biogeografía de los quercus ibéricos, aquí.

Las hojas de éste ejemplar, de forma oblonga y que ni siquiera se han teñido un poco de amarillo, eran las más llamativas de todas. Casi una especie distinta:

La Hoz del Jarama, tan cerca de la civilización y a la vez tan aislada, es un paraje tranquilo, lleno de contrastes y plagado de fauna salvaje. Sin embargo, en mi constante afán por encontrar rastros de animales he visto que no hace mucho han pasado por aquí algunos domingueros(Cerditus festivus) especie autóctona pero muy dañina y totalmente indeseable para el ecosistema. A ver si obligan por Ley a sacarla de los campos como pasa con el cangrejo americano.

- Hoz del Jarama en verano.

Artículo dedicado a Juan Bautista Rodríguez Berbabé, D.E.P.

martes 24 de noviembre de 2009

Montejerino

Estamos teniendo un otoño con un clima inusualmente calmado y suave, algo que hay que aprovechar. Dando buena cuenta de ello, he pasado un par de días en la montaña palentina, recorriendo sus valles y bosques, dentro del espacio protegido del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuentes del Cobre, zona de protección integral.

Me alojé en Cervera de Pisuerga, puerta meridional de estas serranías. A primera de hora del lunes, entre la niebla, dejé el hostal y me dirigí al pueblo de Lores, pedanía de la localidad de La Pernía. Esta pequeña aldea se sitúa en una confluencia de valles cubiertos de unas muy agrestes masas de haya y roble albar, dando lugar a uno de los mejores enclaves de estas montañas.

El objetivo de la salida era explorar el Monte de Montejerino, área de Reserva al ser estos bosques refugio y despensa para el oso pardo en esta época, además de dar cobijo a abundantes ciervos, corzos y jabalíes. Con la idea de al menos encontrar los rastros del plantígrado o tener algún encuentro con la fauna cantábrica, dejé Lores y me encaminé hacia los bosques.


Hayedos puros

Hace tiempo que el hombre dejó de explotar los hayedos alrededor de Lores y el bosque se encuentra ahora en pleno desarrollo. Las hayas crecen altas y espigadas, buscando el sol. Apenas hay ejemplares aislados, los cuales son gruesos y chaparros al no tener que pugnar por la luz solar. La foresta está cargada de vida: arrendajos, cornejas, páridos, ardillas, zorros, corzos y ciervos campean por doquier:

El haya es la especie predominante, pero también abundan los serbales(Sorbus aucuparia), los mostajos(Sorbus aria) y los álamos temblones(Populus tremula) en los arroyos. Todos presentan similar coloración en la corteza y ahora sin hojas apenas se les distingue desde lejos. Únicamente los acebos y algún tejo aislado tocan el bosque de verde. En las zonas más húmedas y sombreadas, a cobijo de los roquedos cerca de las cimas de las colinas, las hayas se cubren de líquenes y musgo:

Los ejemplares de haya de mayor tamaño y edad rodeados de otros más jóvenes dan idea de que estos montes tenían en el pasado la función de dehesa boyal. El retroceso de la ganadería(pese a que sigue siendo importante) ha dado un respiro a los bosques, que ahora se dirigen lentamente hacia su plesioclímax:

Entre los hayedos aparecen de cuando en cuando manchas de verde brillante. Se trata de acebedas, muy abundantes. Al igual que las hayas, hace tiempo que dejaron de explotarse y los acebos comienzan a presentar grosores destacables. Estos árboles, de fruto permanente en invierno, sirven de sustento a multitud de animales durante la escasez:

A pesar de la poca profundidad de sus raíces, las hayas se adaptan a la perfección a fuertes pendientes. Recorriendo el bosque, la inclinación del terreno junto con el sustrato de barro y hojas mojadas hace muy difícil el dirigirse hacia las zonas más altas, obligando a subir con pies y manos para lograr apoyo. Cansado de resbalar por la empinada ladera tres veces y probar el barro, hubo que buscarse un piolet "rústico":

Panorama de la montaña palentina y los montes de Lores desde el cerro Las Desecadas(1593m). Montejerino está completamente tapizado de espesos hayedos. Curiosamente, los robles crecen en las zonas más altas:


La fauna cantábrica

En la zona superior del bosque encontré excrementos y huellas de ciervo(Cervus elaphus). Tras unos minutos rastreándolos, di con un grupo de ciervas. La alfombra de hojas caídas hace totalmente imposible el moverse en silencio por un hayedo, de manera que me oyeron acercarme a distancia:

Un rato más tarde, ya montaña arriba y cerca de los prados, me topé de frente con un gran macho de varios años de edad y cornamenta imponente. Echó a correr por el bosque ladera abajo como un trueno haciendo temblar todo el monte.

Avanzado el día volví a toparme con el grupo de hembras(o tal vez fueran otras) en un pequeño praderío:

Además de los ciervos(y de los abundantes corzos) los pequeños páridos son compañeros habituales del caminante en estos bosques. Era fácil de ver el carbonero palustre(Parus palustris), inconfundible por su tonalidad suave y el característico diseño del plumaje de la nuca:

No falta su pariente el carbonero común(Parus major), mezclado con el trepador azul, el agateador y el herrerillo:

El petirrojo(Erithacus rubecula) es otra habitual especie de los bosques y los sotos:


La presencia del oso pardo


Como era de esperar, no tuve la suerte de cruzarme con ningún oso pese a intentar moverme por las áreas que me parecían más querenciales para ellos. Sin embargo, siempre le queda al naturalista la búsqueda de huellas, marcas y señales. Cerca de un arroyo, encontré varias huellas de oso. Ésta es la más definida, se aprecian perfectamente los dedos, las zarpas y la planta. El simple hallazgo hizo que mereciera la pena el viaje y me impregnó de un respeto casi reverencial hacia este entorno:


Había muchas otras huellas que pertenecían sin duda al oso pardo por el tamaño y la cantidad de tierra desplazada, pese a que la poca consistencia del sustrato no posibilitó una buena impresión del rastro:

Este haya fue marcada en su momento por el Ursus arctos:

Ha sido una maravilla el poder disfrutar en silencio y soledad de estos bosques cantábricos tan bien conservados, refugio del oso pardo, del lobo ibérico o el urogallo. Son también un buen ejemplo de la perfecta coexistencia entre el ciervo, el corzo y el jabalí, hecho menos frecuente de lo que debería ser. El cruzarse con los impresionantes ciervos es un privilegio, aquí que son animales salvajes con predadores naturales y no el ganado en que lo han convertido en el sur de España.

Sin lugar a dudas, volveré a visitar la vertiente palentina de la Cordillera Cantábrica, una de las zonas de montaña mejor conservadas y menos conocidas de la península, un reducto fantástico de fauna y flora ibéricas.

Un saludo y agradecimiento a Miguel Ángel Madrid Gómez por las indicaciones y recomendaciones sobre la montaña palentina.


Cartografía:

- Mapa Topográfico doble 1:50.000-1:25.000 Cordillera Cantábrica-Macizo de Fuentes Carrionas, Adrados Ediciones.
- Mapa Guía Montaña Palentina, 1:50.000, Ministerio de Fomento, IGN.

miércoles 18 de noviembre de 2009

El Río Ermito y El Cerrón

El río Ermito es un cauce ayllonense que desemboca en el joven Jarama justo frente al Hayedo de Montejo. Hoy lo he remontado llegando hasta su nacimiento, para ascender después hasta la cima de El Cerrón(2197m), inconmensurable pirámide cuya situación privilegiada en el centro del Macizo favorece una vista panorámica absolutamente espectacular.

El río Ermito

Partiendo del puente sobre el Jarama en la carretera de Montejo a El Cardoso, justo en la frontera entre Madrid y Guadalajara, tomé una pista forestal que sigue el río y después se desvía remontando la margen izquierda del Ermito. El día comenzó bien: al poco de empezar a andar, me topé con un grupo de jabalíes que se revolcaba en el barro. Pese a que fui tras ellos para intentar fotografiarlos, desaparecieron entre el brezo y los helechos como por arte de magia.

A través de estas solitarias pistas se tiene una muy buena panorámica del famoso Hayedo de Montejo, que como se puede apreciar perfectamente en esta imagen, es realmente un robledal con hayas:


Curso del joven Jarama entre robledales. El contraste cromático de los paisajes ahora en otoño es espectacular:

La pista que remonta el río Ermito es una de tantas que permite aproximarse cómodamente a ejemplares soberbios de serbal, roble rebollo, acebo y haya que han resistido a lo largo de los años y ahora recuperan el espacio perdido. El mejor paraje es, ya adelante, un recodo donde dos tejos flanquean el camino junto a un grueso abedul y una vieja haya, ambos impresionantes. El camino es muy sombreado y no falta el agua fresca, dado que de las cumbres bajan numerosos torrentes. En la imagen, corteza de serbal(Sorbus aucuparia):

Haya(Fagus sylvatica), abedul(Betula sp.) y tejo(Taxus baccata). Un rincón de valor incalculable:

Codeso(Adenocarpus hispanicus), arbusto leñoso característico de estas altitudes alrededor de los 1500 metros. Inconfundible por las hojas con tres foliolos y las flores primaverales amarillas. Es particularmente abundante en el cauce del vecino río Berbellido:


El Cerrón

No soy muy aficionado al montañismo. En todas las salidas y expediciones que llevo en Ayllón(ya 22), únicamente he subido al Ocejón(2048m) y a los modestos Águila(1652) y Valbecerril(1767m); sin embargo, había visto en la cartografía como El Cerrón ocupa un puesto privilegiado dentro del Macizo al ser un pináculo en medio de un gran tazón de cumbres. Ya que había llegado hasta sus pies y una pista facilitaba el ascenso(sin ella sería imposible) aproveché la oportunidad y me dispuse a atacar la montaña.

Al llegar a una confluencia de arroyos que da lugar al Ermito, la pista dobla bruscamente y se ve en las distantes alturas la cima de El Cerrón como algo inalcanzable. Se aprecia desde lejos como el camino zigzaguea entre piornos con la apariencia de que nos espera una subida casi vertical. Se trata de una marcha larga y exigente, ya que el desnivel a salvar es de casi 950 metros:

Conforme se van conquistando colladillos y revueltas del camino, las vistas son cada vez más espectaculares. En la imagen, el Collado de la Chana(1899m) y los valles que bajan hasta el cauce del Ermito:

No faltaron los buitres leonados(Gylp fulvus), especie que cada vez es más confiada y se acerca sin miedo al hombre. Aquí en las montañas ayllonenses no ha de faltarles carroña entre los corzos, jabalíes, cabras y vacas que campean por las laderas:

Tras una ardua e interminable subida, el camino lleva hasta un altiplano desde el cual se puede atacar directamente la cima de El Cerrón. Ya estamos a 2000 metros de altitud. Sin senda, no queda sino abrirse paso entre piornos hasta alcanzar la cumbre. El desnivel a salvar desde aquí son 200 inclinados metros:

Lo cierto es que el esfuerzo merece la pena: las panorámicas son insuperables. Se tienen a la vista gran cantidad de valles y collados, y por supuesto varios dosmiles del Macizo. Lo primero que llama la atención desde la cúspide de El Cerrón es el circo del Pico del Lobo(2273m), que se ve en todo su esplendor:

Se tiene una vista directa de La Cebosa(2048m). Este picacho formado por grandes cabezas rocosas es la mayor altura que flanquea el cauce del río Berbellido. Me ha sido muy gratificante observar desde las alturas el valle de este río, cuyo inolvidable recorrido por las agrestes orillas es uno de los más duros a los cuales uno puede enfrentarse en estas latitudes:


Otras cumbres destacables dentro del campo visual desde la cima son el Tres Provincias(2129m), El Cervunal(2181m), La Buitrera de los Lobos(2221m), el Ocejón(2048m), el Santuy(1930m) y el Porrejón(1827m).

La Fuente del Agua Fría

Me iba faltando el agua, lo cual en las cumbres es de fácil solución. En principio, había previsto únicamente llegar hasta el nacimiento del Ermito, pero una vez allí, y pese a que no iba adecuadamente provisto de comida ni agua, decidí subir a la cima. La sed entró en escena, pero precisamente, en la ladera opuesta de El Cerrón, mirando ya hacia el Berbellido, se encuentra la Fuente del Agua Fría, un manantial de aguas gélidas y revitalizantes que fue repostadero habitual en los tiempos en que los pastores frecuentaban estas alturas, y que hoy es un maná para el caminante:

El caudal de este manantial es continuo y por lo visto se mantiene en verano. He de decir que ha sido una experiencia muy buena y gratificante el refrescarme y rellenar la cantimplora con el agua helada que llega hasta estas alturas desde lo profundo de la tierra. No hay agua mejor que ésta:

Afloramiento de cuarzo en un collado cerca del pico Santuy(1930m):

Desde la Fuente del Agua fría, quedan más de dos horas hasta el puente sobre el Jarama, siendo necesario cortar a cuerpo a través de empinadas laderas cubiertas de brezo y roble:

En el apartado de la fauna, esta salida de campo también ha sido muy completa. Además de los jabalíes y los buitres, no han faltado los corzos, mitos, zorzales, herrerillos, carboneros, cuervos y arrendajos típicos de estos bosques.

Una jornada más entre las soledades tan propias del Macizo de Ayllón, un pequeño paraíso que no deja de sorprenderme.

lunes 16 de noviembre de 2009

Los gatos "monteses" de Colmenar de la Sierra

El viernes pasado, tras dedicar la mañana a recorrer a pie algunos montes del pueblo ayllonense de Colmenar de la Sierra, me detuve a descansar en la placita del pueblo para comer algo de fruta que había recogido y refrescarme en su fuente.

En todos estos pueblos viven muchos gatos, generalmente, más que personas. Pero algunos de los gatos del pequeño Colmenar tenían algo especial en su apariencia física, algo que me llamó la atención: rasgos físicos característicos del salvaje gato montés(Felix sylvestris).

Para un naturalista, un gato montés en la naturaleza es inconfundible: la silueta, la corpulencia, la gruesa cola, la actitud. Sin embargo, también sabe que no es raro que esta especie se cruce con su pariente doméstico dando lugar a individuos perfectamente fértiles con rasgos de ambas especies. Creo que, en algún momento, eso ha pasado en esta aldea.

He pasado el fin de semana investigando un poco en internet y en los libros que tengo sobre los cruces entre gatos montés y doméstico y estoy casi seguro que de que estos gatos tienen sangre salvaje. Había rasgos en algunos de ellos bastante claros.

En este ejemplar, llama la atención la corpulencia y el pelaje atigrado(bastante difuso). La cola delgada y terminada en punta es rasgo característico del gato doméstico, sin embargo, el diseño anillado de la misma es propio del gato montés. En estos cruces, los individuos resultantes conservan rasgos de una y otra especie:

Este otro gato era el que tenía rasgos monteses más puros, aparte de la perfecta tonalidad del pelaje:

- Obsérvese el perfil de la cara, casi totalmente plano.
- De los ojos parten dos líneas oscuras hacia el cuerpo, y el diseño de las líneas de la frente es propio del gato montés.
- El pelaje de la cola es más espeso de lo normal y presenta cuatro anillos negros bien definidos(la del montés tiene de 3 a 5).
- Otro rasgo muy claro que tiene este gato y que es propio del gato montés es el color pardusco de la jeta y las mejillas.
- Los bigotes del montés están marcadamente caídos.


La hibridación entre gato montés y gato doméstico puede darse de diversas maneras. Se pueden encontrar gatos domésticos asilvestrados en medio de una sierra y gatos monteses viviendo junto a aldeas o cortijos. En España de momento parece que no afecta a la pureza de la especie.

Si los gatos callejeros de Colmenar de la Sierra tienen realmente sangre salvaje en sus venas, ¿qué pudo provocarlo? Bien pudiera ser que un gato montés campeara por los alrededores del pueblo en busca de presas y se cruzara con ellos, dando lugar a una descendencia híbrida. Es posible(y no sería la primera vez) que algún lugareño encontrara en su día crías de montés entre las ramas de alguno de los grandes robles de la zona y los criara junto con los gatos domésticos.

Todo son elucubraciones, pero lo cierto es que algunos de estos gatos desprendían algo especial.

viernes 13 de noviembre de 2009

Montes Claros

Colmenar de la Sierra es un pequeño pueblo del Macizo de Ayllón occidental. En su momento, el pueblo llegó a tener quinientos habitantes, seis telares y ser cabeza comarcal de otros villorrios como Bocígano, Peñalba, Cabida o La Hiruela. Hoy, el paso del tiempo le ha dejado con siete vecinos.

Rasgo característico de todos estos pueblos al sureste del Pico del Lobo son sus edificaciones, donde la arquitectura negra de pizarra es casi es testimonial y se ve un estilo heterogéneo muy característico de los pueblos de esta zona.

He dedicado el día a recorrer algunos montes que circundan el pueblo, que me llamaron la atención al visitarlos mediante la compañía "low cost" Google Earth. Colmenar, aparte de la ribera del Jarama, tiene amplios montes de pino silvestre mezclado con roble y algunos robledales puros.

Montes Claros

De buena mañana atravesé el pueblo y me encaminé hacia el difuso cortafuegos que se divisa desde el pueblo. Pretendía aprovecharlo para llegar al paraje conocido como Montes Claros, el robledal de la imagen, ahora teñido de amarillo:

Río Jarama a su paso por Colmenar de la Sierra. El río bajaba con poca corriente, aún así y dado que el puente lleva décadas destruido, tuve que arrojar un par de piedras grandes al agua para poder cruzarlo sin empaparme hasta las rodillas:

Robledales en el paraje Montes Claros, rodeados de pinares de Pinus sylvestris. Al coronar el cortafuegos, se llega a la pista que va hacia La Vereda. Tomando una gemela que baja por la ladera, se recorre muy cómodamente la isohipsa de los 1300 metros, atravesando de lleno el bonito robledal:

Abedul(Betula sp.). Característica e inconfundible corteza blanca que se desprende en tiras. Ahora al perder las hojas se distinguen muy fácilmente en las riberas como esqueletos níveos en medio de los oscuros chopos y alisos:

Rastro de corzo(Capreolus capreolus) en el barro. Característica forma de corazón y huella trasera coincidente con la delantera. Ha sido un día pobre en avistamientos de corzo, únicamente me he topado con uno, mientras que en otras ocasiones he llegado a ver más de veinte en una sola jornada:

Además del corzo, he podido observar a placer trepadores azules, reyezuelos, arrendajos, un par de gavilanes en vuelo y ardillas.

Collado de Mingo Serrano

Al dejar la ladera Montes Claros, crucé a lo vivo la loma hacia la vertiente occidental, llegando a otra agradable y aún más tranquila pista. Al fondo pasa el arroyo de las Huelgas, frontera natural entre Guadalajara y la Comunidad de Madrid; al frente aparecen morras cubiertas de densos robledales pertenecientes al municipio madrileño de La Hiruela.

En esta vertiente me volvieron a sorprender enormes y viejos ejemplares de roble rebollo(Quercus pyrenaica) que aparecen dispersos como gruesos cíclopes en medio de los estirados pinos silvestres. Hay algunos realmente enormes. Nunca dejan de impresionarme estos rudos supervivientes:

Una pequeña virguería: esta zarzamora creciendo a modo de epífita en las ramas de este rebollo. Siempre digo que cada salida al campo es un descubrimiento y algo nuevo, y no me equivoco:

Además de los grandes Quercus pyrenaica, se encuentra también algún petraea y, de forma dispersa, acebos(Ilex aquifolium), mostajos(Sorbus aria), nogales(Juglans regia) y álamos temblones(Populus tremula).

En las fotografías parece todo muy agreste y olvidado, pero lo cierto es que se han llevado a cabo por aquí actuaciones forestales con cierta frecuencia y hoy he escuchado las sierras de los retenes. La verdad es que carezco de formación acerca de limpiezas de monte, pero no me parece normal cortar ramas y dejarlo todo apilado de cualquier manera creando una yesca perfecta y estropeando el paisaje forestal.

Otoño es época de setas, y a lo largo del día he encontrado varias especies diferentes. Me llamó la atención ésta por su tamaño, una Macrolepiota procera o popularmente conocida como parasol(identificación vía web cortesía de Miguel Ángel Madrid Gómez):

Dejando de lado el deambular por pistas secundarias, regresé a la principal para alcanzar rápidamente el pueblo. Me sorprendió que, alrededor de la ribera del Jarama, aparecen varios abetos y alerces. Se ve que los ingenieros que hace décadas repoblaron estos montes con pinares tuvieron un día creativo y metieron aquí abetos, que se están expandiendo ya de forma natural. No deja de ser algo ridículo pasear entre estos árboles propios del norte, saltar un barranco para acortar camino y meterte de lleno en un encinar con tomillo y jara pringosa:

Finalmente, tras casi ocho horas de caminata, llegué de nuevo a Colmenar de la Sierra, tranquilo, apacible, no sin antes detenerme a descansar en los frescos prados de césped natural que circundan el pueblo:

En Colmenar(como en todos estos pueblos ayllonenses) viven muchos gatos, pero no vulgares gatos callejeros, sino gatos con algo especial que hace mirarlos con profundo respeto, tanto que creo que merecen un artículo propio.

La sierra y la ciudad

Comentar que están mejorando todas las carreteras de esta zona que comunican con Madrid a través de El Cardoso y La Hiruela, acercando así la sierra a la gran ciudad.

A colación de este tema, ya volviendo a casa y cerca del puesto de Agentes Medioambientales que hay en la GU-187, paré el coche para charlar con una agente. Además de tener una interesante conversación acerca de la flora y parajes del Macizo, le pregunté qué opinaban ellos acerca del proyecto de Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara. Me dijo que lo veían bien, ya que en la Diputación "se tiene gente muy responsable y conservacionista", y que no creían que fuera a prostituirse la naturaleza de cara al dominguero o a las excursiones como ha pasado en la sierra madrileña.

La verdad es que me quitó un gran peso de encima, aunque nunca se sabe.

lunes 9 de noviembre de 2009

La Venta de la Vieja

Esta mañana(por fin invernal) me he acercado de nuevo al Macizo de Ayllón. Tenía dos destinos en mente: dar una vuelta por los campos de El Muyo, en la vertiente segoviana, o visitar La Venta de la Vieja, un llamativo paraje en la Sierra del Robledal. Me decidí por el segundo, más cercano, y enclavado en las gargantas del río Sonsaz, al cual tengo un cariño especial.

La mañana estaba muy fría. El amanecer fue precioso, pero del norte venía una ventisca de aguanieve que cubrió los campos con una fina capa blanca:

Dejé el coche en el Collado de la Vieja y tomé una pista forestal abandonada que en su día intentó cruzar la sierra pero quedó en un mero intento. Al momento de echar a andar, llegó la ventisca: furiosa y helada, ha sido como el saludo invernal de las montañas. Agradable, pero tan efusiva que me quemó las mejillas.

La pista está parcialmente invadida por retamas, brezo y jara estepa, hasta desdibujarse y convertirse en senda. En un abrir y cerrar de ojos, entre pinos silvestres y robles, se llega al praderío de La Venta de la Vieja, un lugar encantador. En medio de la nada, la choza bien construida resiste el inclemente clima montano, junto a los muros semiderruidos del encerradero de ganado. Construcciones en desuso hace décadas ahora protagonistas de un hermoso paraje:

Antes de bajar al prado, continué por la pista deshecha, que al poco se interna en un pinar. Me llamó la atención que parte de la ladera está arrasada. Decenas de pinos rotos por la mitad, o arrancados de raíz, cortando la senda y tapizando la montaña. Desde luego no se trata de ningún tipo de trabajo forestal, sino de un evento natural. ¿Viento, nieve, alguna avalancha? En cualquier caso, impresionante:

¿En qué dirección está el norte?:

Siempre me sorprende la variabilidad que tiene la forma en las hojas del roble melojo(Quercus pyrenaica) dependiendo del individuo. Éste en particular tenía los lóbulos marcados de forma exagerada y las hojas de inusitado tamaño. Sé que se dan varias subespecies distintas que pueden cruzarse, pero en cualquier caso siempre sorprenden éstos robles "diferentes":

Precisamente cerca de él estaba este otro roble(Quercus petraea), de gran grosor y forma grotesca. Me recuerda a los que encontré en la cercana Loma del Pinarejo o en el río Mediano. En cualquier caso, todas las lomas y cuerdas que rodean el Sonsaz son refugio de impresionantes ejemplares dispersos de éste árbol, todo un prodigio de resistencia:

Una vez explorada la ladera bajé hasta el prado y visité la llamada Venta de la Vieja. Ignoro de dónde viene el nombre, si de la antigua propiedad o de si realmente ésto era una ventilla regentada por una señora mayor. En cualquier caso, se trata de un lugar apacible y tranquilo, de calmada belleza:

Aguas abajo, el Sonsaz continúa a través de la garganta dando lugar a unas laderas espectaculares donde aparece algún encinar. A partir del prado donde está la choza no hay ningún camino que siga el curso del río ni pistas alrededor en kilómetros a la redonda. El curso bajo del río me ha llamado poderosamente la atención como paraje interesante para una expedición de dos días, dado lo difícil, o imposible quién sabe, del terreno. Tendrá que esperar al otoño siguiente:

Si la Venta de la Vieja impresiona e invita a la reflexión, lo hacen igualmente otras tantas edificaciones abandonadas dispersas por todo Ayllón. Por ejemplo, ést chozo colgado quién sabe cómo a 1.500 metros sobre una ladera sin caminos ni accesos. Da que pensar lo dura que era la vida antaño en estos montes:

Lo doy por hecho, pero siempre espero que si alguien visita éste u otros parajes gracias a haberlos conocido a través de este blog, los deje tal cual los encuentre y su presencia no se deje sentir lo más mínimo.

sábado 31 de octubre de 2009

Benalija; monte mediterráneo en otoño

Le debo a mi padre mi afición por la naturaleza. De pequeño, en Sierra Morena, acostumbrábamos a pasar las tardes de verano deambulando por las riberas de algunos ríos de la zona. A partir de esas experiencias me interesé poco a poco por la fauna, la flora y todo lo relacionado con lo salvaje.

Ahora hemos revivido aquellas antiguas salidas al campo visitando un paraje fantástico del que ya he hablado en dos ocasiones aquí: la ribera de Benalija, dentro del término de Guadalcanal de la Sierra(Sevilla). Nos acercamos a las umbrías cubiertas de monte mediterráneo que dan cobijo a un tramo del río especialmente agreste, que con pozas, cortados y saltos de agua caracterizan el ambiente dependiendo de la estación.

Contrastes estacionales

La primera vez que estuve aquí fue en diciembre. Recorrer el monte era relativamente cómodo pero exigía enfrentarse con el caudal abundante en varios tramos. Más adelante, volví en mayo, donde la vegetación llegaba por el pecho, el calor era de justicia y garrapatas y otros insectos no dejaban un momento de respiro: un entorno casi ecuatorial. Esta vez, a finales de octubre, el recorrido ha sido agradable dado que la vegetación ha retrocedido y el río estaba casi totalmente seco.

Siempre me gusta empezar las marchas al estricto amanecer. Además de poder sorprender a los animales nocturnos y ver a otros que comienzan la jornada diaria, siempre es un privilegio poder disfrutar de la salida del sol en medio de la naturaleza:

Caprichos del ser humano, que ha desnaturalizado totalmente la especie, se pueden observar ciervos por estos montes de manera relativamente sencilla:

Toda salida al campo siempre merece la pena, dado que es raro no hacer una observación o hallazgo nuevo. En esta ocasión, encontré huevos de culebra, algo que jamás había visto:

Rusco(Ruscus aculeatus), arbusto típico de los encinares. Por esta zona se encuentran varios ejemplares, principalmente en los bordes de la foresta. La baya es comestible, al igual que los tallos, que se pueden consumir a modo de espárragos. Es de propiedades diuréticas:

Bellotas de coscoja(Quercus coccifera). El género Quercus está muy bien representado en estas umbrías, donde crecen en abundancia encinas(Quercus ilex), alcornoques(Quercus suber), algún quejigo disperso(Quercus faginea) y las coscojas:

Torbisco(Daphne gnidium), inconfundible por las muchas hojas lanceoladas dirigidas hacia arriba. Forma parte del rico sotobosque del monte mediterráneo, donde además del citado rusco, aparecen tomillo, romero, orégano, jara pringosa o jaguarzo:

Panorámica de los parajes que aparecen en la cartografía como El Chorreón y la Umbría de la Breña. Puede apreciarse el buen grado de desarrollo del monte mediterráneo autóctono, que tiene como única limitación el ramoneo de las vacas de carne que pacen por aquí. El río(se aprecia el lecho seco) proporciona además humedad. En primavera, la fragosidad de monte es realmente sorprendente y nos transporta a la auténtica España salvaje, la España verde, agreste y aromática:

Por elementos como éste no se puede beber de los arroyos, y mucho menos de las aguas estancadas. La vaca de la imagen, pese a su amargo fin, ha servido sin duda de alimento a infinidad de animales, principalmente galápagos leprosos(Mauremys leprosa), de siempre muy abundantes por todos los cauces de esta región:

Durante la jornada encontramos varias carcasas de galápago, todas del tamaño del ejemplar de la imagen. Se puede aventurar que fueron presa de alimoches. No sé si los turones, muy abundantes por el curso de la ribera, también les echarán mano.

A mediodía hicimos un alto para comer en este enclave, donde a la diestra teníamos un recodo del río entre cortados de cuarcita, mientras que a la siniestra el curso continúa entre vallejadas de monte mediterráneo. El rato, en silencio a la sombra de una encina, fue de lo más fructífero: divisamos una pareja de águila real, observamos el patrullar de un precioso martín pescador y pasó junto a nosotros una parda hembra de gavilán(Accipiter nisus):

En esta imagen se aprecia perfectamente el nivel y violencia que puede alcanzar por aquí el agua de las crecidas. Hay que comparar la cantidad de carrizos, espadañas y otras plantas ribereñas que ha quedado frenada en el joven fresno, junto al charco que es ahora el río en este punto. Estas escenas siempre me han impresionado y hecho respetar profundamente la naturaleza:

En las laderas más difíciles, soleadas y rocosas, el género Quercus deja paso al acebuche(Olea europea var. sylvestris), muy abundante. Es interesante ver in situ el desarrollo en el medio salvaje de este árbol tan domesticado:


En la expedición del pasado invierno, levanté de un acebuche un búho real, que lo usaba como posadero habitual dadas las egagrópilas, huesos, plumas y suelo quemado que había bajo el árbol. En ésta ocasión, dí con otro gran duque, esta vez río arriba, en las umbrías. Siempre es una observación que no se olvida.

Dependiendo de los materiales sobre los que se asienta y el nivel de eutrofización, el agua estancada de la ribera adquiere diferente coloración, del rojo intenso al verde ponzoñoso, ambas totalmente insalubres:

Toda salida al campo es una experiencia única e irrepetible dado que la naturaleza nunca deja de sorprendernos. En el monte mediterráneo, cada estación es distinta y la variación en el régimen de los cursos de agua es determinante para la vida. Ha sido la tercera vez que visito este paraje y he podido comprobar in situ el intenso contraste que se da en este monte mediterráneo casi puro entre el frío invierno, la violenta primavera y el suave otoño.

No puedo dejar de comentar cierto prurito elitista que se siente en estos parajes tan solitarios y agrestes, fuera de toda ruta o mera existencia conocida, para disfrutar de ellos de forma respetuosa sin dejar rastro alguno de nuestro paso. Estos montes se encuentran bajo un intenso uso cinegético, y fuera del mismo todo paseo por la naturaleza "extraña". Así pude constatar en una conversación con un conocido de la familia, en el pueblo, cuando íbamos a regresar a Madrid:

- ¿Y qué habéis venido, a pegar unos tiros?
- No no. Todo lo contrario.

- Expedición en invierno.
- Expedición en primavera.

Observaciones:

- Búho real.
- Águila real.
- Gavilán.
- Perdiz roja.
- Martín pescador.
- Conejo de monte.
- Ciervo.
- Muflón.
- Rana verde.
- Galápago leproso.

Cartografía utilizada:

- Mapa Topográfico Nacional, hoja 899(Guadalcanal), 1:50.000.
- Mapa guía "Parque Natural Sierra Norte", Junta de Andalucía, Instituto Geográfico Nacional, 1:100.000.

Artículo nº 100 de Geopercepción. Espero que vengan muchos más.

martes 27 de octubre de 2009

El Río Mediano

En una de mis últimas salidas por el Macizo de Ayllón, me crucé con un agente medioambiental en la pista que va de Majaelrayo a Cantalojas. Estuvimos un rato charlando sobre árboles, de las especies relictas y protegidas que pueden encontrarse por aquí. Cómo no, salieron a colación los tejos. El guarda me recomendó que visitara el Río Mediano, una corta corriente que desemboca en el Río de la Hoz. Me comentó que había muchos tejos, incluso que hace un tiempo "vinieron a hacerles un censo, y bueno, se volvieron locos". Parecía una exageración, pero resultó no serlo.

Así pues, hoy me he acercado al Río Mediano, remontándolo por la cara sur de la loma del Bulbilejo. Para buscar su nacimiento, no hay senda, vereda o camino alguno que facilite la andadura. Sin embargo, y como pasa a menudo, las vacas se han encargado de crear alguna que otra trocha que permite abrirse paso, aunque río arriba, debido a la densa vegetación hay que buscarse las habichuelas escalando los peñascos de cuarcita y terminar hecho un Cristo entre brezos, jaras y espinos: verdadero contacto con la naturaleza.

Paisajísticamente, el valle del Mediano es una maravilla. No tiene nada que vaya a gustar siquiera a un excursionista: ni paisajes, ni vistas, nada; pero es un paraje de gran interés para un naturalista. Está totalmente libre todo uso, tanto que no existe ningún rastro de actividad humana. Abundan la jara pringosa y la jara estepa, el brezo y el espino. Los robles se tiñen de naranja y amarillo, y hasta los pinos repoblados dejan paso a las especies autóctonas. Es una zona difícil de andar, pero de una belleza agreste y auténtica, esa belleza fría y aséptica que no gusta a casi nadie.

Además de los tejos, se encuentran especies botánicas igualmente interesantes. En la siguiente imagen, un avellano(Corylus avellana), árbol raro de ver por el Macizo, pero que crece abundantemente en el río Mediano:

Enebro(Juniperus comunis) cubierto de rocío. Sus hojas puntiagudas se dejan notar al no existir sendas y tener que abrirse paso entre la vegetación. Las bayas del enebro se usan para la destilación de la ginebra:

Acebo(Ilex aquifolium) profusamente cargado de frutos. No es tan abundante como en otros cursos tales como el Sonsaz o el Berbellido, pero aquí en el Mediano se puede ver algún acebo colgado espectacularmente de un roquedo:

Esta fotografía es muy representativa de la biogeografía del río Mediano. A ambos lados se ven dos tejos(Taxus baccata), oscuros, de hoja perenne. Aparece, amarilleado para el otoño, un roble(Quercus petraea) y debajo de él, rojo, un fresno(Fraxinus excelsior). En la esquina inferior derecha se ve un saúco(Sambucus nigra), especie ribereña protegida y poco frecuente:


La tejeda del río Mediano

Nada más comenzar el remonte del río, aparecen ya varios tejos. No se trata de ejemplares enormes o milenarios. La mayoría de los tejos que encontramos en el Mediano son jóvenes(para los términos de la especie) o han visto su desarrollo limitado por otras especies de crecimiento más rápido, como los robles o los avellanos que definen toda la ribera. De todas maneras, y ésto es importante, aquí la especie está en expansión. Por cualquier parte se pueden ver pequeños tejos de apenas un metro, e incluso retoños nuevos de éste año o el anterior. Aun así, hay varias decenas de ejemplares en poco espacio, lo cual es toda una maravilla para un árbol tan raro del cual, en el mejor de los casos, se encuentran un par de individuos dispersos.

Algunos tejos de la ribera, de variados tamaños y formas:

Joven retoño. Hay que tener mucho cuidado al deambular por la orilla del río, dado que sería un crimen desbaratar alguno de los jóvenes tejos que milagrosamente se reproducen por aquí:

Hojas perennes de color verde intenso(de tonalidad variable) dispuestas en ramilletes de dos hileras, junto a una corteza rojiza en troncos de caprichosas formas y ramificaciones: los rasgos característicos del tejo:


Un pequeño paraíso

En un sitio que prefiero no desvelar, bajé hasta el agua para refrescarme. Al llegar al cauce, descubrí que cierto tejo techa con sus ramas una pequeña piscina natural, dando lugar a una estancia casi mágica.

La atmósfera bajo las ramas de árbol era fría y húmeda; las rocas de alrededor estaban densamente cubiertas de musgo. La luz solar reflejaba alternativamente el verde intenso del tejo y el dorado de los robles, creando un ambiente bucólico. La fotografía no hace justicia, pero puedo decir que éste pequeño rincón entre las montañas es el lugar más tranquilo y hermoso en el que he estado nunca:

Algo más adelante, aprovechando la umbría, crecen algunos otros ejemplares de tejo ya centenarios e impresionantes. Éste era de tronco corto, muy ramificado, y ramas largas y gruesas; un árbol realmente imponente. Al ver tejos como éste se comprende porqué se dice que el tejo es la eternidad, y también se entiende su importancia en tantas mitologías y culturas:

Además de las decenas de tejos dispersos que aparecen a lo largo del cauce del Mediano, éste grupo forma una pequeña tejeda recóndita. Siempre impresiona encontrar éstos árboles maravillosos en medio de la nada.

En la tejeda, la tierra es oscura, las raíces cubren toda la superficie, el aire es denso y la atmósfera fría; casi otro mundo:


Podría decirse que el curso del río Mediano es uno de esos pequeños paraísos perdidos y olvidados. No existe ni siquiera una senda que indique que cada cierto tiempo alguien anda por aquí. El único rastro de actividad humana que encontré fueron mis propias huellas en el camino de vuelta. Desde luego, y dados los avatares históricos de esta región, no puede decirse que se trate de un paraje virgen, pero sí es uno de los que conservan una naturaleza más pura.

Espero que, con la futura declaración de Parque Natural, a nadie se le ocurra hacer en éste ni en otros enclaves ayllonenses aislados, ningún tipo de rutitas para domingueros y colegios. Si éstos tejos siguen aquí y se están expandiendo, es porque es un paraje siempre desierto, de naturaleza agreste.

Ha sido una jornada de campo corta, apenas cinco horas, pero sin duda una de las más gratificantes que he vivido.

lunes 19 de octubre de 2009

El Río Lillas

Esta mañana me he acercado al Hayedo de Tejera Negra. Cuando salgo al campo siempre evito lugares donde haya posibilidades de cruzarme con alguien, y éste enclave es uno de los pocos de Ayllón donde todos los días hay gente. Y eso que el acceso es malo. Sin embargo, hay que buscar bien; por supuesto no había ido para recorrerme la pista principal como ya hice una vez, ni para deambular por la facilona "Senda de las Carretas", de la que como vi a la vuelta, daba buena cuenta mucha gente. Un lunes por la mañana.

Así pues, me he limitado a remontar el cauce del Río Lillas, principal corriente del hayedo, en la cual desembocan varios torrentes tributarios que bajan de las cumbres. La senda no aparece ni en la cartografía, y tiene algún tramo donde hay que empujar ramas y brezo. Difícil=nadie.

El tesoro de Tejera Negra

Pero no he hecho este recorrido únicamente para estar solo. Lo he hecho porque deduje que sería aquí, en el húmedo fondo del valle, donde estarían las hayas de mayor tamaño, dadas las dificultades que en su día debía acarrear su carboneo o tala. Las hayas que merecían ser vistas, la verdadera joya de Tejera Negra. No me equivoqué: aguas arriba existe un hayedo donde la norma son ejemplares vetustos de gran tamaño y belleza. Tales son las buenas condiciones para su crecimiento en el fondo del valle, que casi todas las hayas aún están enteramente verdes, como si fuera julio. Basta ascender un par de cientos de metros por la ladera para que no quede en las copas una sola hoja que no esté amarilla u ocre. Impresionante.

Antes de que las hayas comiencen a aparecer, se puede ir disfrutando de una variada flora, hierbabuena incluida. Por todo el cauce del Lillas abundan los serbales(Sorbus aucuparia). Sus ramas están ahora llenas a rebosar de la serba, su fruto, agrupada en racimos. La baya es color coralino y el sabor, intenso y amargo, ligeramente picante. Esta baya puede comerse cruda o en mermelada, pero su uso más conocido es sin duda la fabricación de vodka. Las flores se pueden tomar en infusión. El árbol además es de crecimiento rápido, de fuertes raíces para fijar el suelo y evitar la erosión. Sin duda, una especie única:


En la orilla del río, pelean algunos tejos. Mientras algunos son de corta edad, otros han visto su crecimiento limitado por el dosel de hayas, cuyas ramas horizontales no dejan pasar la luz e impiden el crecimiento de otras especies:

Éste haya es una de las más gruesas de la zona. Nótese el tamaño; no es habitual encontrar hayas de tanta circunferencia, y mucho menos en estas latitudes:


Al rato de andar por el bien definido hayedo, la senda, antes muy estrecha y desdibujada, se ensancha. Es el antiguo camino que iba desde Cantalojas a Riaza, hace tanto en desuso que ni siquiera aparece en los mapas. Y por supuesto, ni está señalizado ni incluido en nada referente al Parque Natural. Un verdadero encanto:

Hasta el cruce del Lillas con el torrente que baja del Barranco del Paraíso, el río corría seco, por lo que las escasas aguas que lleva ahora provienen en su totalidad de la umbría de La Buitrera(2046m). Justo en la confluencia crece éste precioso ejemplar:

Algunos paisajes son impresiontes, con un sabor totalmente norteño. Es una delicia sentarse entre el musgo y escuchar el silencio, el ajetreo de los pájaros y las pisadas de los animales en la hojarasca. Más parece un bosque cantábrico que una sierra del centro de Castilla. Ciertamente, cruzarse por aquí con un urogallo o un oso pardo no extrañaría en absoluto:


Para variar, no voy a hacer una valoración de algunas cosas que he visto hoy en Tejera Negra. Es mejor abstraerse que enfadarse. Cosas relativas a la suciedad, masificación, maltrato incomprensible a los árboles, cuidado, vigilancia y enfoque que tiene este espacio protegido. En fines de semana o festivos ha de ser una pesadilla terrible. "Acercar la Sierra a la ciudad". Yo, por mi parte, no creo que vuelva a pisar nunca más Tejera Negra.

sábado 17 de octubre de 2009

II Día de la Serranía de Guadalajara

El martes pasado, cuando comencé mi andadura de dos días por el Macizo de Ayllón partiendo de Valdepinillos, ví en la placita del pueblo un cartel que me llamó la atención: anunciaba para el sábado siguiente el II Día de la Sierra de Guadalajara, un evento impulsado por una asociación cultural y patrocinado por las administraciones públicas. Tan interesado como estoy por esta zona, no podía perdérmelo.

Esta mañana de sábado ha sido agradable. El evento ha tenido lugar en el tranquilo Galve de Sorbe. Se fletaron autobuses para recoger por los pueblos de las serranías de Ayllón, Pela, Alto Rey, Ministra y Barahona a los vecinos y acercarlos al lugar. La fiesta ha sido un modesto homenaje a los habitantes serranos que han evitado que todas estas montañas se hayan despoblado completamente.

Desde primera hora se ofreció un festivo desayuno "itinerante" a base de rosquillas(muy buenas), chocolate y vino dulce. A mí me dieron un anís tan fuerte que me supo más bien a absenta:

Trabajos de alfarería y oficios tradicionales, como artesanías con mimbre y encaje de bolillos:

Preciosa talla en madera que representa fauna típica de las serranías de Guadalajara. De arriba a abajo vemos un corzo, una gineta, un buitre leonado, una ardilla, un búho, un lagarto y una víbora. Dos vacas, que ya son por aquí como un ungulado salvaje más, completan el conjunto:

Hubo vigorosos bailes tradicionales serranos con castañuelas. Los mayores no se resistieron tampoco al pasodoble. Nótese que mujeres y dulzaineros se ataviaron con los atuendos populares:


Más tarde se ofreció paella y caldereta. En definitiva, una jornada festiva humilde, tranquila y agradable, como todo en el norte de Guadalajara. Un verdadero paraíso... que puede dejar de serlo.

Proyecto de parque natural para la Sierra Norte de Guadalajara

Un futuro que siempre ha sido gris, puede tornarse negro. O de otro color menos agradable.

La organización había dejado por allí varios ejemplares de un nuevo periódico, "La serranía"(año I, nº1). La mayoría fueron doblados por los ancianos, a modo de sombrero, bicornio o tricornio, para protegerse del sol. De entre todas las noticias de dicho periódico(muy bueno), destacaría una que no conocía y me sorprendió. Está en proyecto la declaración como Parque Natural, con área de 125.000 hectáreas, de la mayor parte de las serranías de Guadalajara, incluída toda la parte que le corresponde del Macizo de Ayllón, ampliamente descrita en este blog.

Tanto como adoro y defiendo estos montes, debería alegrarme de que se promocione su protección. ¿Quién se opone a un Parque Natural? Nadie. Y el que lo hace, se calla y traga. Sin embargo, al leer esta noticia, he sentido miedo. Miedo porque conozco muy bien la zona, y sé que su encanto y conservación se deben en gran medida a lo desconocida que es. Miedo porque ser Parque Natural va a traer obras, señalizaciones, comunicaciones: facilidades. No facilidades para el nativo, sino facilidades para dominguero, para el joven irrespetuoso, para el aventurero made in Decathlon, para el que ensucia, para el que destruye a cambio de dejar dinero.

El objetivo es "acercar la sierra a la ciudad", palabras textuales hoy de la presidenta de la Diputación. Cualquier naturalista sabe apreciar el contenido siniestro de esas palabras.

Espero, de corazón, que todo Ayllón no se convierta en otro Gredos o en otro Guadarrama, en otro espectáculo deleznable de fin de semana de madrileños sucios y aburridos, de montes tapizados de colillas, de sendas prefabricadas, de hormigueo de coches. Lo que va a pasar aquí lo tenemos ya en el prostituido Valverde de los Arroyos, que ha perdido su encanto por ser naturaleza fácil... Su pradera es un merendero para grupetes de amigos con calimocho, y qué decir de las chorreras, trepidante aventura de 15 minutos, donde, a falta de papelera, muchos recurren a la opción más fácil. Al final, el Ocejón tendrá una escalinata para subir cómodamente, paneles con flechas, para que la señora que va a ver la cascada (taconcitos, cigarro y carrito con bebé incluido) pueda hacerlo también a la cima, para comerse allí un filete empanado.

¿Terminarán así todas las aldeas de la arquitectura negra? Parece que eso se busca.

Yo, por mi parte, habría apostado por Reserva de la Biosfera, por una figura más seria y aséptica, dedicada sólo a proteger y limitar; porque como geógrafo sé muy buen lo que puede traer éste Parque Natural, ésta "dinamización", éste "reclamo turístico" como han dicho los políticos que había hoy en Galve. Me temo que hay peligro de que no sea un Parque Natural, sino un "parque temático". Además, la zona ya está protegida: incluye el PN de Tejera Negra, la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz, la Reserva Natural del Pico del Lobo-Cebollera, etc.

Así pues, deduzco que lo que se quiere no es proteger sino sacar rendimiento económico a un área que, debidamente edulcorada, puede ser un buen reclamo. Al final, todo dependerá del enfoque de la administración cuando meta mano. Pero por lo que he oído y leído hoy, no pinta bien.

Espero no haber conocido Ayllón en sus últimos años como naturaleza libre.


Otros enlaces a la funesta noticia:

http://www.20minutos.es/noticia/279631/0/sierra/norte/guadajalara/

http://www.nuevaalcarria.com/noticia.asp?ref=53080

jueves 15 de octubre de 2009

Pernocta en la Junta de los Ríos

Estos días he cumplido uno de los planes en el Macizo de Ayllón en el que venía pensando desde hace tiempo: planificarme una ruta de dos días por parajes interesantes, pasando la noche en ellos.

Así pues, diseñé el camino: partiría de la aldea de Valdepinillos, siguiendo una pista forestal durante diez kilómetros hasta llegar al paraje conocido como la Junta de los Ríos, a orillas del río de la Hoz, cerca de la confluencia de éste con el Sonsaz; un enclave rodeado de barrancos y bosques. Haría noche allí y al día siguiente ascendería a la Loma del Pinarejo, recorriendo la cima durante 10 km para llegar a la pista de Cantalojas a Majaelrayo, donde me esperarían otros 10 km hasta la primera de estas localidades, que era el punto de recogida.

Día 1

Montes de Valdepinillos

Hace unos meses, en febrero, ya había estado por estos montes, dedicando el día a la orilla del río y las empinadas laderas, de forma que ya conocía el entorno. Sin embargo, al estar ahora en otoño, los robledales que circundan Valdepinillos se están tiñendo de ocre y amarillo, dando al paisaje una nueva perspectiva. Los alrededores del pueblo forman un bosque mixto de encina, rebollo y pino silvestre, que aquí crece de forma autóctona(seguramente venga de ahí el nombre del villorrio).

Montes alrededor de Valdepinillos(15 habitantes), pedanía del municipio de La Huerce.

Olvidé mi bastón, así que por la salud de mis rodillas me procuré uno. Una caída rama de roble es lo bastante resistente y confortable como para desempeñar la labor. Hizo conmigo los treinta kilómetros.

El camino que lleva a la Junta de los Ríos ronda durante gran parte del trayecto la isohipsa de los 1400 metros, hasta comenzar el descenso al valle. Sortea varios barrancos, donde se alternan jarales y brezales, pinares y algún que otro abedul disperso. El punto de inflexión lo marcan las Taínas de la Peromingo, donde el camino empieza a descender hacia el río.

Valle del Río de la Hoz. El final de la cresta que desemboca en el valle es la Junta de los Ríos.

Ruinas de las Taínas de la Permingo. Dispersos por el Macizo existen muchos enclaves, accidentes y viejas construcciones que aluden a mujeres, ya sea con nombre propio(la Peromingo) o mera referencia(la Venta de la Vieja, el Collado de la Mujer). La verdad es que es en cierto modo inquietante pensar que tal vez vivieran aquí de forma permanente mujeres, en estos parajes solitarios y sin ningún tipo de comodidad o comunicación.

La Junta de los Ríos

A las cuatro horas de marcha sin apenas paradas, alcancé el objetivo de la salida. He de decir que éste paraje es paisajísticamente espectacular, uno de los más bellos que conozco en la zona. El Río de la Hoz pasa como siempre encajonado, con aguas tan gélidas como coloridas, entre profundos pinares por una ribera circundada de acebos, abedules, saúcos y algún haya. El rumor del río es leve pero constante, e invita a dejar los fardos para explorar libremente las orillas, y quitarse el polvo del camino bañándose en alguna de las pozas, experiencia que no pude dejar pasar.

Como ya he comentado en otros artículos, los cursos medios y altos de los ríos esconden las verdaderas joyas de estas montañas: enclaves agrestes, auténticos, bravíos, de naturaleza bien conservada y abundante vida animal. La Junta de los Ríos no es una excepción, situándose en los límites de una zona que es un auténtico vergel.

Imágenes de la Junta de los Ríos. Enclave rodeado de bosques, con ricas riberas y un río que baja siempre con agua, siendo necesario cruzarlo por un vado.

Pequeña haya a orillas del río. Esperemos que esta especie siga colonizando los parajes que le son propios. El tronco, como se ve, es inconfundible.

Acebo, de brillantes hojas y frutos rojos. Aquí en Ayllón aparecen principalmente asociados con hayas y abedules. Se trata de una especie inconfundible, y es muy sencillo reconocerla en la distancia si el día está soleado, ya que brillan como espejos.

Excrementos de nutria en lo alto de las rocas que afloran sobre las aguas. Se ve que los cangrejos de río son parte importante de su dieta.

Cangrejo de río buscando alimento en aguas del río de la Hoz.

Noche

Sobre las cinco, cuando la luz del sol comienza a anunciar su retirada, crucé el vado y ascendí por la ladera de enfrente en busca de un alto donde, según la cartografía, había más chozas abandonadas.Era donde pensaba hacer noche. Al llegar al enclave, las circunstancias no pintaban tan bien: toda la pradera estaba literalmente levantada por los jabalíes, y las taínas estaban derruidas, llegando la pared más alta apenas a los dos pies de altura. No tenía tiempo para ponerme a buscar un sitio mejor, así que localicé un punto abrigado entre las rocas y monté un pequeño campamento para pasar la noche.

Tenía buenas perspectivas. La temperatura era suave, estaba rodeado por montañas y me encontraba en un punto resguardado. Así, tranquilo, el sol desapareció y la bóveda de estrellas entró en escena, siendo más brillantes de lo que había visto nunca. Se distinguían todas las constelaciones y estrellas fugaces pasaban a cara rato. Sin embargo, la temperatura bajó hasta los 3ºC y soplaba un viento leve pero continuo, con lo que no pude pegar ojo en toda la noche. A las cinco vi la luna salir, y dos horas después le siguió el sol. Dicen que hay que ver amanecer siempre que se pueda, y es cierto que la sensación que se tiene al estar solo en la montaña viendo salir el sol es inigualable.

Anochecer. Los arrendajos marchaban ruidosos a dormir, cantaban las rapaces nocturnas y algún que otro animal que no reconocí soltaba de cuando en cuando chasquidos que recordaban a la carcajada o al quejido de un niño.


Fotografía del pequeño campamento que preparé para pasar la noche.

Congelado, jamás había deseado tanto ver salir el sol. Lo cierto es que el frío es el mayor peligro que acecha en la montaña, y por muy bien equipado que se vaya, puede dar más de una sorpresa desagradable. Ha sido mi primera experiencia pernoctando solo en medio de la naturaleza. Pensaba que iba a estar más inquieto, pero estos montes son mi hogar y me encontraba tan cómodo como viendo atardecer en casa.

Día 2

Loma del Pinarejo

Cuando entré en calor, desayuné, rehice el fardo y dispersé de nuevo las piedras del pequeño muro que había levantado. Emprendí el camino; me esperaban 20 kilómetros de marcha, con varias cuestas. Pretendía llegar a Cantalojas sobre las cinco de la tarde.

Frente a la Junta de los Ríos, la Loma del Pinarejo asciende hacia grandes roquedos y canchales. El paraje se denomina Vertiente de Navaluenga, y se trata de otra joya natural. En él, alrededor del propio camino, aparece una muestra más del exótico bosque mixto autóctono que podría existir aquí de no haber sido la zona repoblada. Aparecen preciosos mostajos, abedules, fresnos e impresionantes ejemplares de Quercus petraea, algunos tan gruesos y viejos que parecen reírse de los caprichos del hombre, que antaño devastó éstos bosques para repoblarlos décadas después. La presencia dispersa de estas joyas arbóreas me recordó al cercano valle del Sonsaz.

Bosques de roble(Quercus petraea). A lo largo de la vertiente se pueden encontrar ejemplares de gran tamaño y grosor. Forma bosquetes mixtos en las laderas circundantes, que bajan hasta encontrar el curso del río.

El fresno(Fraxinus excelsior) dota a las laderas de un gran contrastre cromático.

Mostajo(Sorbus aria). Ahora se muestran preciosos al teñirse de amarillo. Los frutos son comestibles, muy buenos, algo más pequeños que cerezas. Es árbol protegido.


Espectacular valle fruto del plegamiento, entre el río y la paramera donde se encuentran Galve de Sorbe y Cantalojas. Al parecer una senda recorre el fondo, y me hubiera recortado camino, ya que se encuentra al lado de la Junta de los Ríos. En la distancia, se presenta como un paraje bastante agreste: tendré que visitarlo.

Una vez remontada la loma, el camino seguía recto hasta la pista blanca de Cantalojas a Majaelrayo. Una vez en ella, el trayecto hasta la villa ganadera fue quizás la parte más desagradecida de estas jornadas, dado el cansancio acumulado y las cuestas que ya se me hacían demasiado ásperas.

Finalmente, al atardecer llegué a Cantalojas, punto de recogida. Detrás quedaban parajes maravillosos que no olvidaré nunca. No puedo dejar de sorprenderme ante la riqueza natural que sobrevive en estos montes grises, ante la pureza de los ríos, ante los árboles relictos que han resistido el paso del tiempo. No hay nada como despertarse con el ladrido de los corzos, como aspirar en la mañana el aroma de la jara y el tomillo, como escuchar los ruidos de la noche u observar las constelaciones.

Cartografía: Mapa "Sierras de Ayllón y Ocejón", de la Tienda Verde. 1:50.000.

lunes 12 de octubre de 2009

El Cairo

Un pequeño reportaje del par de días que pasé a principios de octubre en El Cairo. Esta ciudad es la mayor de África y Oriente Medio, con más de dieciséis millones de habitantes en su área metropolitana, aunque los guías nos comentaban que en total, contando con los habitantes "flotantes", a día de hoy llega a los veinticinco.

Un típico destino para los turistas que visitan El Cairo es el mercado de Khan El Khalili, abierto las 24 horas del día. El mejor momento para visitarlo es por la noche, tanto por la temperatura como por la ambientación natural del mercado; la noche aumenta el exotismo. Un exotismo que se diluye con facilidad al hablar los vendedores egipcios perfectamente el castellano y reconocerte como español desde lejos, "por la forma", dicen.

Una bebida típica egipcia es el karkadé, "la bebida de bienvenida". Es una infusión a base de la flor del hibisco, quedando una bebida ligeramente densa y con un sabor agridulce. Se toma fría o caliente. Me traje un par de bolsas para prepararla aquí, pero no queda tan bien como la que preparan los egipcios:

Calles de la ciudad

Es frecuente ver por las calles fotografías, carteles o pancartas de Hosni Mubarak, presidente que lleva desde 1981 en el poder. Ganó las últimas elecciones "democráticas" con más del 90% de los votos. Tampoco es raro ver retratos tanto de Mubarak como de Nasser en el interior de casas y comercios. Puede parecer un rasgo tercermundista y dependiente, pero nosotros mismos estábamos así prácticamente ayer:

Típicas calles cairotas:

Ésta era la vista desde la habitación del hotel. El contraste entre el mundo del turista, con los hoteles de cinco estrellas y la vida urbana de las clases menos favorecidas es brutal:

Grandes barrios de rascacielos apretados:

Vista de El Cairo desde la Ciudadela de Saladino:

Policía egipcia

Tanto en El Cairo como a lo largo de todo el país hay policía por doquier, principalmente en todo lugar frecuentado por turistas. En términos aproximados, de los 80 millones de habitantes que tiene Egipto, un millón de ellos trabaja como policía, lo cual es un porcentaje altísimo, que multiplica varias veces al español.

El turista verá con más frecuencia a la Policía Turísitca y de Antigüedades, vestidos de blanco, armados con AK-47 y apostados alrededor de todo monumento o mercado:

Policía militar:

Abundan también los policías de paisano:

Sin embargo el cuerpo policial más impresionante del país son las Special troops, vestidos de oscuro y parapetados tras grandes pavesas estáticas(gruesos escudos de metal, que recuerdan a los que usaban los ballesteros en el medievo). No procedía sacarles una foto.

Las pirámides de Giza

En El Cairo es impresionante contemplar las Pirámides desde las calles. Es sobrecogedor divisar estos gigantes de 4500 años de antigüedad mientras se pasea por la ciudad; sin duda, se trata de una imagen imborrable que queda en la retina para siempre:

El cuidado de los egipcios por su patrimonio es tan acertado como relativo. La dimensión paisajística queda(o quedó en su momento) limitada por la funcionalidad. Éste savoir faire tan característico del mundo árabe es especialmente destacable en ésta fotografía: ¿es o no es un crimen paisajístico ésta carretera, siempre recorrida por autobuses justo frente al mirador de Giza?

Creo que es una de las tantas ciudades que han de visitarse alguna vez. Este viaje a Egipto fue organizado, pero no me importaría, dentro de unos años, pasar una semana libremente en la ciudad.